Taxidriver

Sientes esa extraña sensación de que el taxista que acabas de contratar no sabe a dónde va. Y tu pesadilla se vuelve realidad cuando cinco cuadras después de arrancar, el taxista te pregunta “¿cómo llego a donde usted dice que va?” IMG_1910Me ha ocurrido varias veces, así que no es coincidencia [a].

La primera vez me pasó en Tuxtla: a la puerta del hotel hay un taxi nuevo y que parece estar en regla. El botones lo llama y le dice: “El señor va a Villaflores”. Para los que no conocen por allá, de Tuxtla a Villaflores hay 70 kilómetros, muchas rutas y también muchas desviaciones, de manera que un volantazo equivocado te puede depositar en Guatemala o en Chacahua, en el vecino estado de Oaxaca. La cosa es que a las cinco cuadras del hotel, el taxista me pregunta “¿Y cómo llegamos a Villaflores?”. Hubo que regresar al hotel, cambiar de taxi y de chofer, una hora perdida.

Unos dos mil kilómetros al norte, de este lado de la frontera, solicito a la chica de la recepción un taxi y abordo uno con el logotipo del hotel. Le doy la dirección “Guanajuato 230, colonia Rodríguez” y el taxi arranca. Algunas cuadras adelante, de nuevo la pregunta “¿Cómo llegamos a esa dirección?”. Le comento al taxista que le estoy dando la dirección completa y que no conozco la ciudad, y entonces el taxista responde que esa no es la dirección completa, qué él no sabe dónde está la calle de Guanajuato, que yo tengo que decirle entre qué calles esta la dirección.

No estaba yo de humor para entrar en discusiones sobre la lógica de la pregunta, cómo “¿De qué te sirve que te diga cuáles son las calles aledañas si no las puedes ubicar? Porque si no puedes ubicar la calle de Guanajuato, seguramente tampoco podrías ubicar las otras, que están en la misma zona”. Mientras dábamos vueltas siguiendo lo que parecía un algoritmo de búsqueda aleatoria, el taxista comentaba que uno puede vivir en un lugar toda la vida y no llegar a conocerlo.

Tampoco quise entrar en explicaciones sobre las diferencias entre profesiones y que mientras un filósofo o un zapatero pueden vivir sin tener un mapa mental de las calles de la ciudad, los repartidores de pizzas, los carteros y los taxistas pueden beneficiarse ampliamente de ese conocimiento. En algún momento le llamó a uno de sus colegas taxistas pero este tampoco pudo ubicar la calle, así que opté por bajarme en un alto y aquel se quedó hablando solo. Una vez abajo del taxi, entré en una tienda de pinturas y materiales de construcción, y pregunté sobre la dirección. El encargado me dijo que no sabía pero que tenía un elemento de conocimiento fundamental: “un plano de la ciudad”. Santo remedio: sólo tuve que caminar tres cuadras.

Lo que parece una aventura trivial, es un tema bastante grave. Especialmente si uno ha tenido contacto con taxistas de otras latitudes y si uno está preocupado por el desempeño del país.

Empecemos esta reflexión con algunas preguntas: (1) ¿Por qué el taxista no tiene el conocimiento de la ciudad, a pesar de llamarse a sí mismo taxista? (2) Con más detalle ¿Por qué el taxista no cuenta con el conocimiento en su memoria ni en algún acervo físico, como un plano? (3) ¿Por qué el taxista no es capaz de desencadenar procesos de adquisición de conocimiento, como traer un plano en la guantera o un GPS o Google? (4) ¿Por el taxista regaña al pasajero?

Las respuestas a las preguntas revelan problemas de fondo muy graves: en cuanto a la pregunta (1), el problema es que los procesos de acreditación en México son muy débiles; para ser taxista basta con tener licencia de manejo (cuya obtención es siempre dudosa) y saber operar el taxímetro. No es necesario tener conocimiento sobre la ciudad.

La pregunta (2) tiene que ver con el depositario del conocimiento. ¿El conocimiento debe estar en la mente del taxista? ¿Debe estar en algún acervo común, como un plano o en internet? Sea cual sea la opción, debe estar en alguna parte y la menos indicada es la mente del pasajero, ya que para el pasajero ese es conocimiento irrelevante en su profesión. Desafortunadamente, nuestra cultura nacional nos lleva a evitar la construcción de acervos de conocimiento eficaces, ya que “preguntando se llega a Roma”.

La reflexión acerca de la pregunta (3) destapa una de las deficiencias más grandes del proceso educativo en nuestro país: las personas no sólo no conocen sino que no aplican mecanismos para obtener conocimiento. En otras palabras, su acervo de conocimiento es y será el que adquirieron alguna vez en la vida por alguna circunstancia fortuita, ya que no tienen la actitud ni los mecanismos para adquirir más conocimiento.
En cuanto a la pregunta (4) descubrimos que el taxista transfiere la responsabilidad de su incompetencia al pasajero; tal vez haya aprendido que (i) el pasajero tiene que ayudarle a hacer su trabajo y (ii) que él no tiene porque asumir la responsabilidad de adquirir más conocimiento sobre su tarea.

Algún lector pensará que así son los taxistas en todo el mundo, pero la evidencia es contraria: ser taxista en Londres no es cualquier cosa. [b]

Otros lectores pensarán que los taxistas son sólo uno de los gremios en el país, y que no tienen mayor impacto. Pero si abstraemos las preguntas anteriores, sustituyendo taxista por cualquier profesión (X) y “mapa de la ciudad” por “conocimiento específico de la profesión” (K), llegamos a lo siguiente:

(1) ¿Por qué X no tiene K, a pesar de llamarse a sí mismo X? Porque los procesos de acreditación en México son muy débiles. Si un trabajo requiere 4 competencias en el primer mundo, en nuestro país se suele acreditar a las personas con un conjunto menor de competencias.

(2) Con más detalle ¿Por qué X no cuenta con K en su memoria ni en algún acervo físico? Todo parece indicar que nuestra formación nos lleva a evadir la construcción de acervos eficaces de conocimiento; nos parece más cómodo preguntarle al de junto (empezando por los exámenes a todos niveles de educación). Falsamente nos declaramos profesionales de algo y ya que tenemos un puesto, preguntando, copiando o cantinfleando, damos la apariencia de tener el conocimiento necesario y nos afianzamos a un puesto que no nos corresponde. En otras culturas existe el orgullo de contar con el conocimiento necesario para desempeñar una profesión y nadie se atrevería a preguntar en público sobre ello sin haber agotado antes las posibles fuentes.

(3) ¿Por qué X no es capaz de desencadenar procesos de adquisición y aplicación de K? Todo indica que en nuestro país las personas no tienen la actitud ni los mecanismos para adquirir más conocimiento. Es más, a nadie se le premia por tener esta actitud. Los perversos incentivos que operan en nuestro país conducen a que los que sí saben terminen haciendo el trabajo de los que no saben, aunque no les corresponda hacerles su trabajo. Sólo así se entiende que el pasajero tenga que decirle al taxista cómo llegar.

(4) ¿Por X transfiere la responsabilidad de su falta de K a otros? El sistema de incentivos en nuestro país ha ensañado a muchos profesionales que (i) deben encontrar a alguien que les ayudar a hacer su trabajo y (ii) que asumir la responsabilidad de adquirir más conocimiento sobre su tarea no les aporta ninguna ventaja relativa.

Sustituya usted, en las preguntas de arriba, la variable X por plomeros, maestros, consultores, directivos, asesores financieros, abogados, etc., y verá que las preguntas son relevantes en cada caso.

Nos encanta decir que somos… lo que no somos. No me sorprendería que dentro de poco me toque un taxista que además de pedirme que le explique cómo llegar, también me pida que maneje el auto porque él no sabe cómo.
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[a] Aunque hay reconocer que hay taxistas , como el de la foto, que sí conocen la ciudad.
[b] Para el tema de taxistas en Londres, ver las siguientes ligas:
http://www.bbc.co.uk/news/health-16086233
http://voices.yahoo.com/comparing-london-york-taxi-drivers-579487.html

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