Yo pensaba que eso de la nueva economía se refería a tecnología de punta, redes computacionales y sistemas de conocimiento, hasta que uno de mis informantes me sometió a un tour por un mundo subterráneo, para entonces desconocido para mí. Ahí descubrí la nueva-nueva economía.
Los proponentes de la nueva economía señalan que actualmente el mayor valor agregado se da en los productos o servicios que son intensivos en el uso de conocimiento. Desarrollo de software, ingeniería biomédica, robótica y disciplinas similares parecen ser el locus del alto valor agregado. Además, agregan los proponentes de la nueva economía, los sectores o países que dominen las formas de incrustar conocimiento en sus productos o servicios tendrán márgenes importantes, superiores a las empresas tradicionales. Se citan con frecuencia los casos de Microsoft, Apple y Amazon. Todo mundo anhela estar en la nueva economía y algunos hasta dicen que ya están allá.
¿Tú has visto la nueva economía en alguna parte en México? Hace 20 años estuve en Austin, en un centro llamado MCC, en el que participaban diversas empresas high tech para producir chips innovadores a partir de los descubrimientos en la Universidad de Texas [3]. Esta organización surgió en respuesta a la aparición de consorcios similares en Japón y en Italia, por sólo citar algunos casos, y eso representaba un desafío para las empresas locales. ¿Hay algo así en México, 20 años después?
Lo que me encontré en mi tour por ese mundo subterráneo es una congregación de foodtrucks, pequeños camiones-restaurante, que llevan a cuestas todo lo necesario para hacer negocio con el hambre de oficinistas intrépidos, hipsters, chóferes, suripantas, geeks, poetas, guaruras, trasnochados de todo tipo y bloggeros pasmados. Los food trucks, además, viven en un espacio gris de nuestra legislación, ya que para abrir un restaurante se requiere un permiso, pero por otro lado no está prohibido vender alimentos en la calle. Este pantano de identidades es terreno fértil para mecanismos de convocatoria como Twitter, que a la usanza del flash mob, reúnen periódicamente (como si fuera una reunión de consejo) a una veintena de estos escurridizos establecimientos en espacios de la más diversa ralea (yo atestigüé uno de esos happenings en el añejo taller de una concesionaria de autos abandonada). Pero a diferencia de las generaciones anteriores de foodtrucks [4], estos ofrecen comida gourmet y exhiben una preocupación por el diseño: no son solamente un expendio de comida, sino también un statement en términos estéticos y para bon vivants.
El esquema no es barato: no es la señora que instala un puesto de gorditas en el garaje de su casa. Los dueños-operadores, en su mayoría son jóvenes preparados, emprendedores, con algo de capital.
Algunos nos preguntamos qué hace este tipo de personas en un negocio así. Y la respuesta parece ser que no hay espacio para ellos en la economía tradicional [5] y tampoco hay espacio para ellos en la nueva economía, porque la nueva economía, como el Santo Grial, es algo que todos hemos oído mencionar, pero que nadie sabe dónde está. El espacio creado por este tipo de personas es la nueva-nueva economía.
Saboreando algún platillo al pie de un foodtruck multicolor, me animo a desarrollar una rápida lista mental de multimillonarios y empresas exitosas en EUA, y recuerdo nombres como Bill Gates, Steve Jobs, Jeff Bezos, Henry Ford, Fred Smith, Facebook, Starbucks, etc. En todos estos casos se desarrolló alguna innovación y se construyó una empresa alrededor de esa idea. En México no se me ocurre ningún multimillonario que haya desarrollado su empresa a partir de alguna innovación. Todos son herederos o megacomerciantes, dedicados a la compraventa de productos, innovadores o tradicionales, desarrollados en otras latitudes.
De la lista de multimillonarios innovadores damos un salto a las nuevas formas de contratación: no hace mucho, en un curso para una serie de profesionales, me zambullí en la explicación de las nuevas formas organizacionales y uno de los participantes levantó la mano y me dijo que él sólo ha conocido la forma freelance desde que se graduó; la gran mayoría de los jóvenes ahí presentes están en las mismas.
Los recursos humanos, financieros, etc., tienden a fluir hacia aquellas actividades en que recibirán el mayor retorno en un plazo previsible. Si la nueva economía ofreciera la mayor rentabilidad, los recursos de todo tipo fluirían hacía allá. Pero la evidencia indica que es más fácil que se integre una caravana de food trucks que un consorcio empresarial innovador que absorba el talento de nuestros graduados. Lo que veo a mi alrededor son versiones nuevas de negocios antiguos, de negocios low tech.
Parece que no hay en nuestro país organizaciones ni arreglos institucionales capaces de absorber y aprovechar el talento creativo ni el espíritu emprendedor de los jóvenes (ni de nadie más). Las personas son troqueladas lentamente mediante rutinas grises, en las que se aplican conocimiento y herramientas desarrollados en otras partes. Algunos mexicanos logran desarrollar cosas, pero ya no están en México.
No hay nada más triste que el talento desperdiciado.
No pretendo sugerir que la docena de empresas mencionadas antes tienen la capacidad de mover a un país. Son el espíritu y el ambiente de negocios, en un contexto adecuado, los que mueven al país. Es un contexto en el que se premia la toma de riesgos, el desempeño y la innovación [1]. Sin ese contexto, hablar de la “nueva economía” no pasa de ser un slogan publicitario y de relaciones públicas. El mito de la “salvación por la nueva economía” y su cohorte de fantasías no nos dejan ver que seguimos siendo una nación fabricadora de enseres ideados en otras partes.
Yo creo que existen las herramientas para mover las organizaciones en otra dirección. Existen metodologías para hacer de las empresas organizaciones innovadoras, tanto en servicios como en productos. Lo difícil es infectarlas con esta forma de pensar. Pero para eso también hay intervenciones disponibles.
Estoy seguro de que el progreso de México no pasa por las grandes empresas de México porque esas empresas ya dieron lo que tenían que dar. Y aunque actualmente sean rentables y estables, no van a pasar de ahí [2]. El brinco en valor agregado vendrá de empresas que se desarrollen con base en alguna innovación. El tsunami lo van a desencadenar los que tienen el espíritu para arrancar un foodtruck.
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[1] Arnold Pacey llama a esto el componente organizacional de la tecnología.
[2] La fabricación de barcos de gran calado sirve como ejemplo: Japón fué un tiempo un proveedor notable, pero conforme Japón se fue involucrando en actividades de mayor valor agregado, la producción de buques pasó a Corea, que iba unos pasos atrás en términos de desarrollo.
[3] Williams, F., Gibson, D. (1990) Technology Transfer, Newbury Park: Sage
[4] Los foodtrucks no son algo nuevo; en los EUA existen desde inicios del siglo XX y en nuestro país se pueden ver versiones simples de estos móviles oasis gastronómicos en diversos lugares, incluso en arrabales como uno llamado Santa Fé, allá por Cuajimalpa.
[5] Datos de CEPAL indican que los jóvenes son los que mayor desempleo enfrentan y que la cosa se pone peor conforme más estudios tienen (Gómez, I. , Jóvenes sin Opciones de Empleo, Mas/DF, 05 de diciembre 2013)