Es momento de hablar de demonios. Esos entes traviesos y traicioneros que nos hacen creer una cosa cuando en realidad buscan otra. Pero no voy a recorrer la enciclopedia de demonios, sino que me voy a centrar en aquellos que se insertan en el lenguaje y en el razonamiento, y que nos topamos todos los días en las organizaciones y en algunos medios.
Los posts que caigan en esta categoría sacarán a la luz diversos trucos retóricos, maromas argumentales, sombreros mágicos, ilusiones ópticas y otros juegos de manos que individuos de baja ralea activan para engañarnos, convencernos, vendernos, ningunearnos y hasta humillarnos. Estos demonios no están sólo en el lenguaje cotidiano, sino también en la forma cotidiana de razonar: los sentimientos se toman como conocimientos; la fantasía suplanta a la realidad; la intuición se vuelve certeza; lo que le pasa a uno se generaliza a todos; etc.
¿Qué facha tienen esos demonios? Para conocerlos basta comparar los comentarios de los lectores en ciertos blogs (como el deStephanie Flanders ) contra los comentarios en algunos blogs de los diarios nacionales: estos últimos están llenos de insultos, palabras altisonantes, mayúsculas, errores de concepto, datos incorrectos y muchos otros demonios. Pocos, muy pocos cometarios, van al grano y ofrecen una crítica seria.
Me desconcierta descubrir dichos demonios deambulando despreocupadamente por las páginas web, en las entrevistas en la televisión o el radio, y en los diarios. En ese afán inquisitorio que a veces me asalta, me daré a la tarea de perseguirlos y compartir con ustedes mis descubrimientos. Deséenme suerte.