“El que está aquí, está aquí; y el que no está aquí, no está aquí.”, decía un político, tío de un amigo mío. La ambigüedad de la frase dejaba atarantados a los que la escuchaban: “Si estoy aquí, ¿no estoy allá? o ¿será que si estoy allá no puedo estar aquí?, o qué tal si estoy aquí pero no estoy aquí, o aún peor, ¿y si estoy aquí, pero yo no soy yo…?”, se preguntaban, perplejos. Para cuando salían de su asombro, el discurso ya había avanzado, y para no perderse en el bosque, los escuchas optaban por mostrar, genuflexos, una clara sumisión al poder en su forma verbal, antes de que tomara forma de garrote. Se alineaban.
Pues así como aquella frase, de dudosa coherencia lógica, tenía sorprendentes efectos aglutinantes, la frase What gets measured, gets done!, que reaparece en el vocabulario gerencial cada dos o tres años, provoca arrebatos (raptures, en inglés) que no dejan de asombrarme. Y estas son las razones.
La medición de objetos concretos, como el ancho de una mesa o la capacidad de un barril, no tiene problema. Sin embargo, la “medición” de intangibles (conocimiento, cultura, motivación, etc.), que son aspectos esenciales en las organizaciones, se suele realizar mediante algún proceso de objetivación [1], que atribuye las características del intangible a algún objeto material y éste es medido [7]. Por ejemplo, como las organizaciones, de antemano, no pueden saber si yo tengo conocimientos (intangibles) de mi profesión, me solicitan un pergamino (tangible) expedido por alguna universidad.
Bastante se pierde cuando objetivamos porque no tenemos garantía de que la referencia entre intangible y objeto concreto sea perfecta. En otras palabras, ganamos la capacidad de trabajar con números, pero perdemos parte de la esencia del fenómeno [8].
La mentada frase tiene alguna pizca de verdad, pero el rigor con que se interpreta y aplica es bastante escaso [6], y esto se suele aprovechar de manera tramposa, como se ilustra en las tablas siguientes.

Estas interpretaciones fáciles provocan que muchas acciones en los proyectos de cambio sean simplonas y no resuelvan los problemas de fondo. Esta patología se conoce como goal displacement, en la cual los objetivos originales son sustituidos por metas medibles. Claramente, el avance nos llevará hacia las metas medibles, alejándonos de los objetivos originales. Un ejemplo es la evaluación en educación: hasta hace poco, se medía la capacidad del estudiante para repetir lo que había dicho el maestro (memorización) porque ésta era y sigue siendo la forma más fácil de medir. Sin embargo, los resultados de ese proceso no están relacionados con los fines de la educación.
Otro ejemplo es el análisis del bienestar de las naciones. En un típico caso de goal displacement, el bienestar suele evaluarse con indicadores como PIB per cápita, pero corrientes alternativas cuestionan esta forma de evaluación y se ha empezado a estudiar la felicidad como un fin, ya no solo la riqueza económica; estos análisis arrojan resultados paradójicos [9] [10] [11]. Observaciones similares ocurren en satisfacción con la democracia, motivación de los empleados, etc.
La frase es falaz en otros aspectos, más sutiles. En muchos casos, el logro es una interpretación de los resultados a la luz del contexto que rodea a dichos resultados, de manera que reconocemos un logro sin haber medido el proceso seguido; esto es común en procesos de aprendizaje profundo, en los cuales el nuevo conocimiento (intangible) nos lleva a otorgar valor a un resultado inesperado, para el cual no teníamos, inicialmente, criterios de evaluación. Y esto es así debido a que estos criterios se construyen junto con la situación resultante [2] [3].
Tal es el caso del descubrimiento de América: Colón, que era un excelente navegante, seguramente iba midiendo el avance del viaje día-a-día; sin embargo, no llegó a su destino. Y a pesar de ello, el descubrimiento, a la luz del contexto de Europa en 1492, es un logro sumamente valioso y que dio lugar a nuevas estrategias de crecimiento en el Viejo Continente. En terminología de sistemas y de cambio, decimos que no se puede comprender el estado E3 desde el estado E1: es necesario alcanzar el estado E2 y a partir de ahí construir la trayectoria hacia E3.
Como consecuencia de este yugo de la medición, muchas organizaciones se sienten obligadas a implantar mecanismos como Balanced Scorecard, que dan la sensación de medir el avance hacia los objetivos, pero cuando están mal diseñados acaban volviéndose herramientas de coerción contra los empleados y alejan a la organización de sus verdaderos fines. [5]
Adicionalmente, muchos procesos, sumamente relevantes en las organizaciones, son ajenos a la medición, que en ellos resulta absurda: por ejemplo, negociación, abducción, sensación, creatividad, etc.
Como muchas de las frases domingueras, la citada frase aparenta encerrar verdades irrefutables, pero una breve revisión de la lógica o del soporte empírico detrás de ella deja ver su banalidad.
La frase funciona entonces solo para lo obvio: procesos perfectamente conocidos, con componentes tangibles, pero que no mejorarán la efectividad ni la competitividad de las organizaciones. Pero, al igual que la frase que abre este post, tiene el poder de incrustarse en el léxico y volverse dogma, otra forma de garrote. Y la gente se alinea.
¡Hay que estar alerta! Dejarnos guiar por esta frase asfixiaría los procesos de innovación y descubrimiento [4], y ocultaría la importancia de los aspectos intangibles de las organizaciones.
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[1] Hubbard, D. (2010) How to measure anything, Hoboken: Wiley
[2] Olmedo, C. (2003) Interacción, conocimiento y cambio organizacional, México: Lagares
[3] Mintzberg, H. La Mente del Estratega
[4] Krog, Ichijo y Nonaka, Facilitar la creación de conocimiento.
[5] Olmedo, C. (2017) Reducción de la tensión entre la estructura organizacional y la operación en las OSCs: una propuesta metodológica basada en criterios epistemológicos., XVII Congreso de Investigación sobre el Tercer Sector, CEMEFI: Querétaro.
[6] Recordando algo de lógica, el hecho de que α implique β (α ⇒ β), no conduce a que β implique α (β ⇒ α), y tampoco conduce a que la ausencia de α implique la ausencia de β (¬ α ⇒ ¬ β). En la tabla anexa se ilustran estos casos.
[7] Nota ontológica: esto no quiere decir que la idea o intangible se condense como algún objeto material, tangible. (Esto hasta ahora sólo es posible en las películas de ciencia-ficción). Lo que quiere decir es que nosotros, como observadores, atribuimos el concepto o característica a cierto objeto material. Y ahí surge el problema de medición: no estamos midiendo lo intangible, sino el objeto al que nosotros atribuimos el intangible, bajo el supuesto (fabricado por nosotros) de que el objeto material es una representación fiel del intangible.
[8] Los positivistas no estarán de acuerdo, en parte porque no son capaces de comprender la esencia completa del fenómeno, que va más allá de lo tangible; pero ya tendremos tiempo de atenderlos. Al lector interesado se le sugiere Explanation and understanding, de G. H. Von Wright.
[9] Graham, C. La felicidad no está en los números, El País, descargado el 5 de enero de 2018 desde https://elpais.com/elpais/2017/12/29/eps/1514551682_135507.html#1517166291997;
[10] Llaneras, K. ¿Cómo describirías tu día hoy? Los países más positivos no son los que crees, descargado el 17 de Diciembre de 2018, desde https://elpais.com/politica/2018/01/26/ratio/1516962645_576232.html
[11] El País, ¿Puede el dinero comprar la felicidad? Descargado el 17 de diciembre de 2018 desde https://elpais.com/elpais/2018/04/09/buenavida/1523289379_649830.html