Designed for failure

La selección vuelve a perder en la cancha. Es fácil pensar que el fracaso se debe al entrenador o al Chicharito o al clima o la conquista hace 500 años. La selección se mantiene viva (o en coma, dirían algunos) gracias a una serie de verónicas y malabarismos aritméticos que se han vuelto tan enredados que requieren un doctorado en la Universidad Pitagórica y un viaje de nuestros muchachos a Nueva Zelanda.

No sabiendo nada de futbol (yo jugué baseball de joven y el deporte es algo que se entiende a través del cuerpo, no de la razón, Gardner dixit [5]), tengo que limitarme a busselecmexsmallcar explicaciones al fracaso de la selección mediante argumentos ajenos a la habilidad de los jugadores en la cancha.

Armaré mi argumento desde tres líneas: (i) la disponibilidad de talento; (ii) el monto de los recursos disponibles para el deporte; (iii) la cultura de la conquista.

(i) Disponibilidad de talento.  Imagínate un país A que sólo tiene 11 habitantes. Su selección de futbol tiene que estar formada por esos 11 habitantes, que incluyen buenos y malos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres. Ahora imagínese un país B, 10 veces mayor, con 110 habitantes, con la misma proporción de edades, género y habilidades que el país A. Este país puede formar varios equipos seleccionando grupos de 11 personas a partir de los 110 habitantes [8].  Si todos los equipos del país B jugaran con el equipo del país A, algunos de esos equipos perderían, otros ganarán y otros empatarían. Es decir que si tú eligieras aleatoriamente cualquier combinación de personas del país B y la enfrentas al país A, puedes ganar o perder. Si se suman los partidos ganados y se les restan los perdidos, el resultado neto sería tablas, ya que las habilidades de los dos países son iguales.

Queda claro que un país grande puede formar muchas más combinaciones de jugadores que un país pequeño. Y aquí es donde los resultados del futbol mexicano son inconcebibles: la elección de los jugadores mexicanos no fue aleatoria, y además se tiene un gran número de combinaciones disponibles, ¿cómo es posible que el proceso de selección haya dado como resultado una combinación perdedora ante países con menos habitantes, como Costa Rica y Panamá, que tienen menos combinaciones disponibles?  La respuesta es muy simple, pero dolorosa: los procesos de selección y formación de jugadores en Costa Rica y Panamá son mucho más efectivos que los nuestros [7]. Y esto no es un problema del momento del partido ni del entrenador ni del clima: es un problema estructural. Visto de otra forma, si cambiáramos el proceso de selección y los nombres de los jugadores se metieran en una urna y se formara la selección con los primeros 11 nombres que salieran, el resultado difícilmente sería peor.

(ii) Recursos disponibles para el deporte. ¿Importa el PIB per cápita de un país? Aparentemente sí.  Si revisamos el medallero olímpico [6], se puede estimar cuánto cuesta desarrollar un equipo ganador en distintos deportes olímpicos y la cantidad no es despreciable. Esta cantidad ha sido fondeada por distintos mecanismos en distintos países, incluso mediante las loterías nacionales. Es plausible pensar que no sólo la actividad olímpica se beneficia de este nivel de ingreso, sino distintas formas de actividad deportiva. En otras palabras, los países con mayor ingreso per cápita, que disponen de mayores recursos para gastos más allá de salud, seguridad, alimentación y habitación, tendrían una ventaja al momento de impulsar el deporte. En este rubro, la selección mexicana pierde también, al analizar el PIB per cápita de los países latinoamericanos que sí llegaron [7].

(iii) La cultura de la conquista. Otro argumento que se esgrime frecuentemente es que la conquista de México, que tuvo lugar hace 500 años, nos dejó marcados emocionalmente (a todos) y con baja capacidad de logro. Pero frecuencia no es razón, y la debilidad de ese argumento se hace evidente cuando encontramos muchos países que han pasado por situaciones similares y que son competitivos en distintas dimensiones. Yo no he oído a un español decir que los problemas de España se deben a la ocupación árabe, que duró 800 años. Ni he oído a los franceses decir que la ocupación de Francia por los alemanes durante la segunda guerra mundial los dejó incapacitados para patear un balón ante el equipo teutón. Tampoco he oído a los ingleses argumentar que su crisis se debe a las ocupaciones romana o anglosajona, siglos atrás, ni a los japoneses quejarse de que siguen paralizados por la bomba arrojada sobre ellos en 1945. El argumento de la conquista es una forma de desviar la atención de los problemas estructurales y es, desafortunadamente, un argumento frecuente en nuestro país. Debe haber,  entre 120 millones de mexicanos, más de 11 jugadores excelentes que no presenten secuelas emocionalmente discapacitantes por lo que Hernán Cortés le hizo a Cuauhtémoc.

El análisis anterior me  permite concluir que el problema de la selección mexicana de futbol, que es típico de las organizaciones en México, no está en la disponibilidad de talento, ni en la disponibilidad de recursos, ni mucho menos en el absurdo de la herencia psicosocial de la conquista: el problema es un problema estructural. Lo difícil con los problemas estructurales es que, como en muchas edificaciones, la estructura subyacente es invisible. Las deficiencias en la estructura se ven cuando hay un terremoto o en algún partido clasificatorio para el mundial. Mientras eso no ocurra, nos ocupamos en violentas discusiones sobre si la fachada debe ser verde o roja, o sobre si debemos colocar la foto de familia un poquito más arriba o más abajo.

La estructura del sistema determina su desempeño [1, 2, 3]: un edificio que fue diseñado para un terremoto de 6.5 en escala de Richter no resiste un terremoto de 8.0. Una vía que fue diseñada para trenes a 90 km/hr no soporta un tren a 190 km/hr. Una organización futbolera que fue diseñada con una visión de corto plazo para divertir y entretener a una afición poco exigente (según aquello de “al pueblo, pan y circo”), que recluta a sus jugadores en las calles en vez de pasar por el esfuerzo de desarrollarlos, que está más atenta a la publicidad que a los goles, no puede soportar los esfuerzos que implica jugar futbol para ganar.

Este no es un patrón exclusivo de la selección mexicana de futbol. En México, muchas organizaciones, públicas y privadas, presentan el mismo problema de diseño, que las lleva a fracasar irremediablemente (aunque no mueran). Por eso tantas voces se alzan en contra del libre comercio: mientras el partido sea entre locales, la farsa nos entretiene, nos divertimos mucho y no perdemos; cuando tenemos que competir con los extranjeros, el espectáculo ya no es tan divertido, aparecen nuestras debilidades y surgen nuestras frustraciones.

Muchas organizaciones en México no se diseñaron para de ser competitivas, sino para aparentar que son competitivas; y cuando las cosas salen mal, aparecen mecanismos para desviar la atención lejos de los problemas estructurales, hacia otros países, hacia otros siglos, hacia enemigos inexistentes [4].

Atrapados en esas estructuras, no hay entrenador, portero, ingeniera, enfermera o albañil que pueda hacer algo por mejorar: el sistema está diseñado para fracasar y nos arrastra, como el Titanic, hacia el fondo.
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[1] Dörner, D. (1996) The logic of failure, Basic Books
[2] Tenner, E. (1997) Why things bite back, Vintage
[3] Perrow, Ch. (1999) Normal accidents, Princeton.
[4] Argyris y Schön llaman a esta situación Modelo O I de aprendizaje. En ese modelo no aprendemos de lo que está mal ni de las estructuras que nos lleva a hacer las cosas mal. Para salir de este embrollo se requiere un aprendizaje de segundo ciclo. (Argyris y Schön, (1978) Organizational Learning: A Theory of Action Perspective, p. 110)
[5] Gardner, H. (1983) Frames of Mind, Basic Books, p. 205
[6] Anderson, R. Olympic success: How much does a gold medal cost?, Descargado de http://www.bbc.co.uk/news/business-19144983 el 17 de Octubre de 2013
[7] Los siguientes datos se obtuvieron del sitio de la BBC, y expresan el número de habitantes en millones y el PIB per cápita para algunos de los países que en 2012 ya habían clasificado y para México: Costa Rica (4.8M / US$7,600); México (116 M / US$9,700). Bélgica (10.8M / US$45,930); Holanda (16.7M / US$49,760);  Suiza (7.7M / US$76,000); Honduras (7.9M / US$ 1,600).
[8] El total de equipos diferentes que se pueden formar es de 470,000,000,000,000.

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