Una mañana cualquiera, Zoran abre el periódico y se desprende un encarte que describe los mejores lugares para trabajar, en México, para los millennials [2, 7]. Temas como liderazgo, compromiso, empatía, colaboración, etc. inundan las páginas del panfleto, subrayando las características que los “millennials” buscan en una organización. Una catarata de lugares comunes escurre de las páginas del pasquín, sin ningún rigor metodológico. Del papel emana un efluvio a marketing, coco-wash y wishful thinking.
Ante esta andanada de barbaridades, Zoran sufre un micro-ataque de pánico y siente que la realidad ya lo rebasó, pero se repone y decide ver qué hay detrás de publi-reportajes como ese.
Para iniciar, todo grupo debe tener diferencias específicas, tangibles o intangibles, relativamente permanentes y de magnitud suficiente, con el resto de los individuos. Estas diferencias pueden ser espaciales, por edad, género, tarea, nivel socio-económico, aspiraciones, valores, educación, idioma, etc. [11] Los individuos en un grupo pueden tener diferencias entre sí, pero las diferencias entre ellos deben ser menores que las diferencias entre ellos y los individuos de otros grupos.
Con esto en mente, nos sumergimos en el texto, que, en un inicial arrebato de lucidez, dice que los “millennials” esperan un liderazgo que desarrolle un espacio de certeza, confianza, compañerismo, empatía, motivación, planificación, colaboración, delegación y reconocimiento al esfuerzo de sus colaboradores. Tal vez Zoran y otros viajamos en el tiempo, de regreso desde el presente, porque cuando empezamos a trabajar hace décadas, ya esperábamos lo mismo (¡y lo seguimos esperado aún, dice el bloggero!). Todavía no conozco a alguien contrario, cuya motivación mejore al ritmo de periódicas mentadas de madre o que desee que su jefe sea un antipático de clase mundial: ¡todos somos millennials!
Poco a poco resulta claro que mucho de lo que se plasma en dicho texto no es distintivo de los “millenials”. En este torbellino de buzz-words y eufemismos en que vivimos, “millennial” no es más que otro avatar, otra fantasía creada para estimular el consumo en los incautos [3]. Hay, y siempre ha habido, fuerzas interesadas en hacernos sentir que somos diferentes: colecciones de ropa sólo para ti o tu grupo [8]; planes de teléfono sólo para ti; banners de Facebook o similares, específicos para ti; prácticas organizacionales que claman, explícita o subliminalmente, la superioridad del hombre sobre la mujer; cartelones que subrayan la superioridad de tu raza [3]. Pero la realidad es que, en la mayoría de las situaciones, todos somos similares: las diferencias entre individuos del mismo grupo son de la misma magnitud que las diferencias entre individuos de grupos distintos y por ello no hay forma de descubrir o establecer una diferencia significativa. Si no sales a la calle y vives encerrado en el mundo creado por tus redes sociales, empiezas a creer que eres diferente. Es un mundo de espejos que sólo te dejan ver lo que más te gusta de ti. [3]
Zoran dice que esto es resultado de un proceso de creación de una identidad a partir de una diferencia falsa: [12]
- Un sujeto en busca de identidad.
- Al sujeto, el agente X le comenta que es diferente (y le impide ver a su alrededor);
- El sujeto siente que forma parte de algo (cierto grupo G), aunque no tiene claro qué;
- El sujeto descubre en sí mismo ciertas características y concluye, supersticiosamente, que son específicas del grupo G;
- El sujeto es bombardeado con publicidad y propaganda “específica” para el grupo G, lo que refuerza la identificación del sujeto con el grupo G;
- El agente X recibe los beneficios de la identidad fabricada para el grupo G.
Lo asombroso es que esta falsa identidad resulta de la pereza mental del sujeto, que es inconsciente de cómo la sociedad le impone formas de vida [10], o bien, de una debilidad emocional: un miedo enorme a darnos cuenta de que sólo somos una hormiga más en el hormiguero.
La anunciada llegada de los “millennials” ha desencadenado el proceso anterior en muchas organizaciones, que modifican sus prácticas y servicios para beneplácito de esa nueva etnia: algunas universidades modifican sus planes de estudio y sus aulas, y hasta actualizan el firmware de sus docentes para desarrollar actividades basadas en redes sociales, en trabajo a distancia, y en todo eso que al “millennial” le llena el ojo [14]. Estas universidades, presumiendo poderes de adivinación que Casandra envidiaría, farfullan que están preparando a los alumnos para el mundo laboral que les tocará: un mundo nuevo, hiperconectado, lúdico y hedonista, al que sólo entras gracias a tu fecha de nacimiento.
Pero Zoran, especialista en reventar globos hinchados con gases optimistas, nos tiene una mala noticia: el paraíso laboral al que nos llevarían los “millennials” ya existe y es un infierno: es donde trabajamos todos ahora; no va a cambiar radicalmente porque algunos recién graduados irrumpan en sus espacios con sus tablets (que los demás ya usamos); tampoco se ve venir un cataclismo que derrumbe las estructuras organizacionales para gusto de los “millennials” (muchos ya hacemos home-offce). Y, además, este mundo laboral no se parece en nada a la utopía que esas organizaciones están vendiendo [13].
Así que, para efectos laborales: ¿qué distingue a los “millenials”?
Nada.
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[2] Anónimo, 2018 Los mejores lugares para trabajar para la generación Millennial, Excelsior 30 de Noveimbre 2018
[3] Lanier, J. 2018 10 arguments for deleting your social media accounts right now New York: Henry Holt
[7] Usaré el término “millennial” (entrecomillado) para referirme a la idea o intuición de millenial. El problema fundamental que se busca atender con esto es que, dado que en muchos usos del término millenial no se describen características esenciales de dicho grupo, no podemos tratarlos como un objeto existente en la realidad y debemos trabajarlos durante el argumento como una idea o categoría conceptual, cuya objetivación buscaremos, infructuosamente, en la realidad. La identificación con una idea sin sustento en la realidad puede dar lugar a procesos de manipulación o fantasía, lo que no ocurre con conceptos, como hombre o mujer, que sí tienen una objetivación en el mundo.
[8] Como ejemplo, la identidad creada por Harley-Davidson, (http://motorclothes.harley-davidson.la/ Descargado el 10ago2018.) Si te materializas en la intersección de las calles Michoacán y Atlixco, en la Ciudad de México, algún sábado bien entrada la noche, verás que los tripulantes de las Harleys son por lo general viejos, chaparros, calvos y panzones, y no tienen nada que ver con los rudos galanes que aparecen en la publicidad de Harley-Davidson.
[10] De la Borbolla, O. 2019 La Rebeldía de Pensar, México: Fondo de Cultura Económica, p.14, menciona “Cuando toda la gente marcha en la misma dirección, cuando los actos de la mayoría parecen apuntar a la misma meta, se produce una inercia social, una ideología, de la que muy pocos se apartan, pues para ponerse a salvo de la corriente hace falta pensar.”
[11] Un problema con muchos movimientos separatistas es precisamente que no hay diferencia clara entre ellos y los demás ciudadanos, y toda pretendida diferencia se reduce a un conjunto de sentimientos, autoimágenes exageradas y otros productos de una mente desbocada.
[12] Snyder comenta la importancia de “Desmarcarse del resto” (p. 61) y “Creer en la verdad” (p. 75). Snyder, T. 2017 Sobre la Tiranía, México: Galaxia Gutenberg
[14] La actitud de cambio frecuente de trabajo no es nueva: 50% de los BabyBoomers cambiaron de trabajo al menos 11 veces entre los 18 y los 50 años de edad. (Epstein, 2019, Range, p. 154)
[13] https://www.reporteindigo.com/piensa/malagradecidos-con-google/