Jesús recibe por correo físico la reposición de su tarjeta de crédito del GAVX Bank. Como siempre, Jesús supone que basta con ir al cajero automático y activar la tarjeta. Pero Jesús nota que su «plástico» deja de ser MasterCard y pasa a ser VISA. [1] Por casualidad, Jesús acude al cajero y se topa con el Pilatos de la sucursal, quien sentencia que no, no es como antes, y que tiene que obtener un nuevo NIP y después activar la tarjeta. El documento anexo a la tarjeta dice que el paso 1 es obtener el NIP y el paso 2 es activar la tarjeta. Jesús entiende que debe proceder a la segunda estación y, como se puede hacer por Internet, Jesús pone manos al teclado.

Pero al momento de solicitar el nuevo NIP, Jesús recibe en su SmartPhone un mensaje del GAVX Bank que dice que GAVX Bank no reconoce ese número de teléfono. Azorado, Jesús revisa y resulta que a ese teléfono le llegan toda clase de notificaciones, ofertas y recordatorios del GAVX Bank. Preocupado, Jesús procede a la tercera estación, cargando su identificación y tarjeta nueva. Ya en la tercera estación, Jesús le muestra a Pilatos la pantalla de su teléfono y Pilatos encomienda a uno de sus centuriones que active la tarjeta. Respetuoso del orden local, Jesús evita comentar que primero hay que obtener el NIP.
El centurión, en un despliegue de destreza digno de Hans Solo al maniobrar el Millennium Falcon, marca un número en un teléfono de línea, le alcanza el auricular a Jesús y regresa a su posición junto a Pilatos. Jesús, en la cuarta estación y como cualquiera de nosotros en estos casos, no tiene idea ni de con quién va a hablar ni para qué. Finalmente contesta un feliz «representante» con tono extranjero. Jesús explica su asunto y El Representante le pregunta: «¿De qué banco me llama?».
El psiquiatra de Jesús le ha dicho que la ira contenida nos agusana por dentro y acabamos descargándonos en algo o en alguien cuando nuestra sombra no puede más [2]; así que más vale descargarla contra el causante y no con nuestra inocente esposa o con el perro del vecino. Y así procedió Jesús, lejos de poner la otra mejilla.
Después de un intercambio de gritos que silenciaron al resto de la sucursal, El Representante le dice a Jesús: «Ahora le va a llegar un código a su SmartPhone para que me lo dicte y la tarjeta quede activada». Jesús le recuerda que el GAVX Bank dice que ese teléfono no es el teléfono, pero El Representante insiste: «vamos a intentarlo». Milagrosamente la cuenta queda activada y El Representante dice: «Ahora tiene usted que obtener el NIP». Nuevos gritos y paso a la quinta estación, ya que el procedimiento dice lo contrario. Pilatos, entendiendo que éste no es el pasivo Jesús de hace varios siglos, ordena a una centuriona que «resuelva el asunto del Señor».
La acomedida centuriona toma los documentos de Jesús y los lleva a la sexta estación, y en su escritorio le explica a Jesús qué es un NIP y cómo se obtiene. Jesús se tragó la ira y prefirió no explicarle a la centuriona que él usa tarjeta de crédito desde antes que ella naciera. Y manos a la obra, la centuriona pregunta: «¿Y de dónde sacó usted esta tarjeta?». Jesús acumula más ira y le señala uno de los papiros que la centuriona tiene en la mano y le explica que lo recibió en su casa.
Jesús, ya en la séptima estación y en su papel de Inquisidor de barrio, le pregunta a la centuriona: «¿Y por qué activaron la tarjeta antes de obtener el NIP si el papiro dice lo inverso?», a lo que la centuriona contesta: «Es que a veces el procedimiento cambia».
Jesús ya no quiso indagar si el procedimiento cambia por iniciativa propia del procedimiento mismo, o si el procedimiento empieza a cambiar desde el momento que llega el correo hasta que el cliente aparece en la sucursal, o si todo depende del balance hormonal instantáneo de Pilatos, sus centuriones y El Representante. Mejor, Jesús huye de la sucursal, agradeciendo no haber sido arrastrado hasta la décima estación.
[1] ¿Por qué el cliente tiene que incurrir en un costo (tiempo) si la decisión de cambiar de MasterCard a VISA es interna del GAVX Bank?
[2] Jung, K.