Designed for failure

La selección vuelve a perder en la cancha. Es fácil pensar que el fracaso se debe al entrenador o al Chicharito o al clima o la conquista hace 500 años. La selección se mantiene viva (o en coma, dirían algunos) gracias a una serie de verónicas y malabarismos aritméticos que se han vuelto tan enredados que requieren un doctorado en la Universidad Pitagórica y un viaje de nuestros muchachos a Nueva Zelanda.

No sabiendo nada de futbol (yo jugué baseball de joven y el deporte es algo que se entiende a través del cuerpo, no de la razón, Gardner dixit [5]), tengo que limitarme a busselecmexsmallcar explicaciones al fracaso de la selección mediante argumentos ajenos a la habilidad de los jugadores en la cancha.

Armaré mi argumento desde tres líneas: (i) la disponibilidad de talento; (ii) el monto de los recursos disponibles para el deporte; (iii) la cultura de la conquista. Continuar leyendo «Designed for failure»

What gets measured, gets done…

“El que está aquí, está aquí; y el que no está aquí, no está aquí.”, decía un político, tío de un amigo mío. La ambigüedad de la frase dejaba atarantados a los que la escuchaban: “Si estoy aquí, ¿no estoy allá? o ¿será que si estoy allá no puedo estar aquí?, o qué tal si estoy aquí pero no estoy aquí, o aún peor, ¿y si estoy aquí, pero yo no soy yo…?”, se preguntaban, perplejos. Para cuando salían de su asombro, el discurso ya había avanzado, y para no perderse en el bosque, los escuchas optaban por mostrar, genuflexos, una clara sumisión al poder en su forma verbal, antes de que tomara forma de garrote. Se alineaban.

Pues así como aquella frase, de dudosa coherencia lógica, tenía sorprendentes efectos aglutinantes, la frase What gets measured, gets done!, que reaparece en el vocabulario gerencial cada dos o tres años, provoca arrebatos (raptures, en inglés) que no dejan de asombrarme. Y estas son las razones. Continuar leyendo «What gets measured, gets done…»

Cactus

Valentina ve venir el organimoto cultural en su organización [1]. Impotente, asombrada, no le queda más remedio que agarrarse a los elementos menos frágiles a su alcance. Ni los escritorios ni los certificados ni la antigüedad resistieron, y fueron arrasados por el vendaval. Sufrió pérdidas irreparables: el cactus que adornaba su escritorio, esa ventana al mundo que le traía imágenes de pájaros, flores y aire limpio, fue declarado “vegetal non-grato” y decomisado, quedando sólo la árida planicie gris de su mínimo escritorio.

Cactus Y todo esto ocurrió porque la empresa estadounidense D adquirió a la empresa mexicana A, cambió las oficinas a un lugar menos costoso y aprovechó el movimiento para “cambiar” la cultura organizacional.

Las prácticas de la nueva cultura incluyen que sólo puedes tener una foto sobre tu escritorio. (Raymundo se enoja, porque su corazón alberga varios quereres, cuyos rostros sonrientes son como viento para ese cansado velero que es su función organizacional. “¿En qué cabeza cabe que sólo puedes amar a una mujer?”, gemía en el men’s room.)

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Trabajo inútil

Varios datos y experiencias se fueron acumulando y  alcanzaron una masa crítica que hicieron inevitable publicar esta entrada.

  1. Se publica un documento de la OECD en que se reporta que los mexicanos somos lo que más horas trabajamos.
  2. Mi amigo Felipe reporta que sus amigos en Alemania  trabajan hasta las 5 de la tarde y tienen 5 semanas de vacaciones (desde que ingresan a la vida laboral).
  3. Una amiga mía se topa con colegas de los servicios de  inteligencia de EUA y resulta que trabajan de 9 a 6 (Además, si trabajan los fines de semana, se les paga extra). Mi amiga trabaja en algo similar, pero nunca ha salido de su trabajo siendo aún de día.
  4. Aparece en Publimetro (Abril 20 de 2011) una nota sobre Le Mexicain, un villano que busca imponer la revolución de la siesta.
  5. En una rápida encuesta, realizada entre alumnos de maestría que trabajan, resulta que aproximadamente el 25% de su tiempo laboral lo invierten en actividades que no contribuyen a los fines de la organización. Si extrapolamos estos datos a la población y los combinamos con los datos dela OECD, todos podríamos irnos a casa (o al bar o al cine) 2.5 horas antes.

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Ungüentos y Penicilina

En el centro de la Ciudad de México puedes encontrar quien te cure de los más diversos males mediante un ungüento de veneno de víbora o una limpia de pirul macho o una de huevo de gallina.  Y si te animas a ir a Catemaco, la expertise de los médicos de allá es todavía mayor y te pueden curar casi de todo mal.

PomadasSmall

En muchas intervenciones de consultoría, el esquema aplicado se asemeja mucho al de limpias y ungüentos de la abuelita, en vez de recurrir a la penicilina u otros remedios realmente potentes.

Hace poco mi amigo Zoran recibió una solicitud de consultoría y se lanzó a desarrollar una propuesta, para lo cual sacó de su arsenal una de sus bazucas más letales. Alrededor de esta herramienta se construyó la propuesta que tiene el potencial de resolver uno de los problemas estructuralmente más importantes de la organización. Como todo problema digno de ese nombre, no se deja ver fácilmente: hay que exhibirlo y para ello se requieren conocimientos y utensilios especiales. Continuar leyendo «Ungüentos y Penicilina»