La selección vuelve a perder en la cancha. Es fácil pensar que el fracaso se debe al entrenador o al Chicharito o al clima o la conquista hace 500 años. La selección se mantiene viva (o en coma, dirían algunos) gracias a una serie de verónicas y malabarismos aritméticos que se han vuelto tan enredados que requieren un doctorado en la Universidad Pitagórica y un viaje de nuestros muchachos a Nueva Zelanda.
No sabiendo nada de futbol (yo jugué baseball de joven y el deporte es algo que se entiende a través del cuerpo, no de la razón, Gardner dixit [5]), tengo que limitarme a bus
car explicaciones al fracaso de la selección mediante argumentos ajenos a la habilidad de los jugadores en la cancha.
Armaré mi argumento desde tres líneas: (i) la disponibilidad de talento; (ii) el monto de los recursos disponibles para el deporte; (iii) la cultura de la conquista. Continuar leyendo «Designed for failure»
Y todo esto ocurrió porque la empresa estadounidense D adquirió a la empresa mexicana A, cambió las oficinas a un lugar menos costoso y aprovechó el movimiento para “cambiar” la cultura organizacional.
Los gladiadores de cada bando se preparan. Cada uno se coloca la máscara que la situación demanda. En la primera reunión, los jerarcas de cada bando definen las nuevas reglas, el trofeo, cuántos rounds, lo que está en juego.
Me ha ocurrido varias veces, así que no es coincidencia [a].