Es momento de hablar de demonios. Esos entes traviesos y traicioneros que nos hacen creer una cosa cuando en realidad buscan otra. Pero no voy a recorrer la enciclopedia de demonios, sino que me voy a centrar en aquellos que se insertan en el lenguaje y en el razonamiento, y que nos topamos todos los días en las organizaciones y en algunos medios.
Los posts que caigan en esta categoría sacarán a la luz diversos trucos retóricos, maromas argumentales, sombreros mágicos, ilusiones ópticas y otros juegos de manos que individuos de baja ralea activan para engañarnos, convencernos, vendernos, ningunearnos y hasta humillarnos. Estos demonios no están sólo en el lenguaje cotidiano, sino también en la forma cotidiana de razonar: los sentimientos se toman como conocimientos; la fantasía suplanta a la realidad; la intuición se vuelve certeza; lo que le pasa a uno se generaliza a todos; etc. Continuar leyendo «Demonios»
Uno de los personajes más interesantes en la vida organizacional es El Cacique. Emisario del pasado pero con tecnología moderna, El Cacique representa un obstáculo en el camino entre el presente y el estado deseado para la organización.
Más que una persona, El Cacique es un sistema de interacción en el que varios personajes juegan papeles específicos.
Surge un conflicto entre áreas. Algún dato no cuadra, dicen unos; el procedimiento no es el correcto, dicen los otros. Se avecina una función de box. Cada bando convoca a sus gladiadores más fuertes mientras se decide dónde se verificarán las hostilidades. Los hay de peso completo, que van acompañados por un gran elenco que incluye a su acondicionador físico-analista-de-Excel, su masajista-redactor-de-justificaciones, su sparring-abogado-del-diablo.
Los gladiadores de cada bando se preparan. Cada uno se coloca la máscara que la situación demanda. En la primera reunión, los jerarcas de cada bando definen las nuevas reglas, el trofeo, cuántos rounds, lo que está en juego.
En la segunda junta se afinan las reglas. Algunos no estuvieron presentes en la primera junta, así que no entienden nada y se les ofrece una amplia, actualizada y maquillada explicación, que toma partes de la realidad y las mezcla con residuos oníricos de los narradores. Varios siguen sin entender nada. Los gladiadores de peso completo siguen calentando; hay mucho boxeo de sombra en los pasillos. Todo parece listo para que la pelea se inicie en la siguiente sesión. Continuar leyendo «Gladiadores y bufones»
Mi amigo Vladimir se dedica a desarrollar estudios econométricos en cierta institución, a la que ingresó hace tres años. Desde su llegada determinó que se necesitaba un software especial, que cuesta unos $500 USD, para desarrollar estudios más complejos para la institución. Hizo las solicitudes pertinentes, sin resultados (aunque más bien le avergüenza decir que ni siquiera obtuvo respuesta: después de algunos meses de no recibir respuesta intuyó que la respuesta era negativa, pero no deja de ser ridículo permanecer sentado, esperando una respuesta que todas las personas en los alrededores saben que no va a llegar). Pasado un tiempo de reflexión y catarsis, decidió transitar por caminos institucionales alternativos para obtener el software, irrumpiendo en puntos clave de la cadena de abastecimiento, armado con potentes explicaciones de por qué el software era necesario. Tampoco pasó nada.
Cierto día, mi amigo Vladimir transitaba por un cúmulo de escritorios secretariales en el que se discutía el profundo tema de los ventiladores y los minibares. Como siempre es bienvenida la opinión de un experto, le preguntaron a Vladimir si su minibar funcionaba bien. Vladimir, entre sorprendido y atropellado, respondió que en su área no había minibar. Los testigos afirman que se hizo un silencio de miedo, hasta que alguien, apiadándose del ya vapuleado Vladimir, le dijo: “No se preocupe, vamos a conseguirle uno”.
El remedio
Tres días después (y no tres años después), un minibar nuevo, de discreto y profesional color metálico, llegó a la oficina de Vladimir. El rito de desempaque y firma de recibido le dejaron claro a Vladimir esto era un asunto de la más alta jerarquía y que no era oportuno objetar que él prefería el software que el minibar.
Algunos colegas, viendo venir su depresión, le sugirieron mantener dentro del minibar una botella de ajenjo, que dosificado adecuadamente, le permitiría soñar que se encuentra rodeado de ninfas, degustando aromáticos camemberts en la campiña francesa, en donde a nadie le importa ningún software estadístico y mucho menos sus resultados.